Mundos en miniatura

El género plataformero difícilmente pasará de moda en algún momento y siempre tendrá su público, compuesto por los jugadores consagrados a este tipo de títulos y por aquellos a los que de vez en cuando nos apetece volver a la agradable simplicidad que ofrecen. Normalmente asociados temáticas sencillas, desenfadadas y simpáticas, y con la diversión pura por bandera, los títulos de este género buscan lograr dos metas para tener éxito: una fórmula jugable satisfactoria y divertida, y una imagen carismática. Con esto en mente nos lanzamos a analizar Mail Mole, un título indie patrio desarrollado por Undercoders y Talpa Games, y que ha aterrizado en prácticamente todas las plataformas: PC, PS4, Xbox One y Nintendo Switch, siendo esta última la que hemos analizado en Vista Isométrica.

Mail Mole llega a nuestros dispositivos con una intención muy clara: darnos un rato de diversión sencilla y desenfadada, y puedo decir que lo logra mucho mejor de lo que esperaba en un primer momento. No obstante, este simpático plataformas encierra más desafío del que pueda aparentar, y nos llevará a algunos niveles con bastante miga para aquellos que no sean expertos en el género de las plataformas. Por otro lado, sus inspiraciones son muy claras, siendo la más evidente y significativa Super Mario, pero también encontramos algunos rasgos que nos recuerdan a Banjo-Kazooie, aunque sea en menor medida. Pero vamos paso a paso, primero veamos de que trata esta aventura y en que contexto nos vamos a mover.

Mail Mole Mundo

Carrotland incomunicada

Nos ponemos a los mandos del topo Molty, un cartero que se encuentra disfrutando de unas merecidas vacaciones de sol y playa cuando recibe un aviso urgente. Algo amenaza el reino de Carrotland (mundo en el que se ambientan las aventuras de Mail Mole), y Molty interrumpe sus vacaciones para acudir al rescate. Al llegar a Carrotland nos encontramos con que algo o alguien ha saboteado las fuentes de energía del reino, dejándolo completamente incomunicado. Así pues, nuestra tarea, como buen cartero, será volver a conectar y comunicar las diversas partes del reino. Durante el proceso descubriremos quién está detrás del problema, e iremos reconectando la energía de todo Carrotland, llevando cartas hasta cada una de las estaciones eléctricas del mundo.

Se trata sin duda de un planteamiento sencillo y plano, como es habitual en los juegos del género, ya que estos centran su esfuerzo en otras facetas del desarrollo, especialmente la jugabilidad. Sin embargo, es todo lo que necesitamos para disfrutar. La intención de Mail Mole es que lo pasemos bien con sus mecánicas, con sus niveles y con sus desafíos, y es una intención que logra, y que parece cimentarse cada vez más a lo largo del propio desarrollo del juego. Nos moveremos a lo largo de siete grandes mundos temáticos, cada uno con un aspecto ambiental y de escenarios muy marcado y diferenciado, como es habitual en los plataformas. Desde playas paradisiacas hasta cavernas subterráneas o cumbres heladas, entre otros. Con un apartado visual muy apegado al estilo low poly, Mail Mole construye unos escenarios que encapsulan diferentes estéticas ambientales en mundos en miniatura, cada uno con paletas de colores muy distintivas las unas de las otras.

Mail Mole Molty

El uso de los colores y texturas me parece el principal acierto a nivel de diseño visual en este título, ya que los mundos, a pesar de ser relativamente vacíos, proyectan mucha calidez y sensación de vida. Desde mi punto de vista destacan sobre el rasgo habitual en muchos títulos independientes con recursos limitados, y logran unos escenarios con cierta “chispa” y cierta personalidad propia. Por ejemplo, al ver el agua fluir con un azul vivo y esa estética animada, o al adentrarnos en un mundo lleno de prados verdes y ruinas grisáceas, es fácil disfrutar de la belleza del juego. Sinceramente, en un título de estas características, en el que prima la satisfacción jugable, el poder disfrutar del aspecto visual me parece un gran valor añadido. Sin embargo, no todo es positivo, para terminar con el aspecto visual, al contrario que los escenarios, los diseños de personajes de Mail Mole, a excepción de nuestro protagonista, carecen de esa chispa y frescura, y resultan más genéricos.

Variedad de niveles y desafíos

Dejando a un lado lo visual, vamos con el desarrollo de niveles y los desafíos jugables que nos ofrece Mail Mole. En primer contacto, mientras atravesamos el primer mundo (dividido en cuatro niveles, como todos los demás), podemos notar cierta sensación de simpleza y facilidad excesiva para superar los retos de plataformeo. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. A medida que avanzamos a través de los distintos mundos, la intensidad y exigencia de los desafíos irá en aumento, hasta llegar a plantearnos secciones bastante duras de roer. Un rasgo muy positivo es la inclusión de nuevas mecánicas de trampas y obstáculos a medida que descubrimos nuevos mundos. Inicialmente no tendremos más riesgos que caer al vacío, pero irán apareciendo ruedas gigantes repletas de pinchos, plataformas balanceantes sobre lava, o incluso plataformas que se vuelven corpóreas o incorpóreas con cada uno de nuestros saltos, entre muchos otros peligros. Además, tras la presentación de cada uno de estos peligros, para que aprendamos a superarlos, el juego tenderá a combinarlos con otros anteriores, para crear desafíos que nos obliguen a recurrir a nuestros reflejos y agilidad. Por ejemplo, tras superar una sección de barreras móviles de pinchos y otra con plataformas que se desvanecen, acabaremos por encontrar una pasarela que combine ambos elementos. Así tendremos que estar atentos al timing de aparición y desaparición de las plataformas al tiempo que evitamos ser alcanzados por las barreras. Y así con el resto de la variedad de obstáculos.

Este abanico de obstáculos sirve para suplir la ausencia de npcs enemigos durante la aventura, ya que solo nos enfrentaremos a un enemigo durante los encuentros con jefes. Además, el equipo de desarrollo tomó una decisión inteligente para suplir dicha carencia: realmente solo nos enfrentamos a un jefe a lo largo de la aventura, en repetidas ocasiones, lo que acaba volviéndose algo repetitivo, sin embargo, el equipo integró los retos plataformeros y de obstáculos en los enfrentamientos contra este jefe. De esta manera, cada vez que nos enfrentamos a él tendremos que seguir la misma mecánica básica, pero superando obstáculos más numerosos y complicados. Por otro lado, no todos niveles presentan las mismas características, sino que enfrentaremos tres tipos básicos de niveles: los clásicos mundos lineales en los que explorar a nuestro ritmo hasta llegar al final. También tendremos niveles “guiados sobre raíles”, en los que recorrer un espacio a toda prisa sin posibilidad de parar, evitando obstáculos a toda velocidad. Por último, una suerte de mundos abiertos en miniatura, que podremos explorar a nuestro ritmo y en el orden que queramos. En los tres tipos de mundos tendremos que recoger zanahorias a modo de monedas, y tres rábanos gigantes que serán algo así como el elemento coleccionable del juego, y que estarán más escondidos. Para finalizar con el desarrollo de niveles, el apartado musical de Mail Mole evoluciona y se adapta a los niveles, tanto en lo temático como en la intensidad dependiendo de los desafíos. Por ejemplo, en los niveles del desierto tendremos música ambiental acorde a dicho escenario, y cuando nos enfrentemos a secciones de plataformeo más exigentes subirá la intensidad de la música y se volverá más amenazante.

Por último, Mail Mole se guarda algunas características extra además de la aventura central. En primer lugar, las zanahorias que consigamos podremos canjearlas por vidas extras o por objetos estéticos que desbloquearemos en cada mundo, para vestir a Molty acorde con el mapa que exploremos, o combinándolo como queramos. También podremos acceder a un nivel extra en cada uno de los mundos, una carrera contra otros tres topos, y que nos recompensará con más baterías como las que obtenemos en los niveles convencionales, para alimentar la energía de Carrotland, y si las obtenemos todas obtendremos un premio secreto.

En definitiva, podemos resumir Mail Mole como un plataformas compacto y sorprendentemente divertido, que encierra un abanico de preciosos mundos de bolsillo, tan variados como la dificultad de sus retos, que irá en ascenso constante. Como puntos negativos encontramos la ausencia de enemigos comunes y la poca variedad de jefazos, pero lo compensa con creces con lo satisfactorio de sus mecánicas y niveles. Si te apetece pasar un rato ligero y divertido sin pensar demasiado Mail Mole es una opción más que recomendable.

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